miércoles, 4 de febrero de 2009

Floreros de alabastro, alfombras de Bokhara

Vino hasta donde yo estaba,subio, trepo, volo, planeo y me envolvio y me hablo al oido. Respire mejor, el corazon paro de latir como loco, se me fue el frio, todo ocupo su lugar acostumbrado. Me sonrio y no se fue, se quedo conmigo. Anduvimos juntos por ahi, en habitaciones blancas y doradas, en jardines, en un barco enorme, en el bois, en las calles del sixieme, en una noche de miedo y sangre, en pueblos abandonados, carreteras, en subterraneos, en iglesias destripadas, pozos, oficinas, sotanos y fiestas. Caminamos, corrimos, saltamos, reptamos y hasta bailamos. Tomamos cerveza, cafe, chcolate, te, agua, vino, sopa. Tuvimos hambre. Comimos manjares y slachichon y queso, pan duro, fruta, carne descompuesta, restos de restos que ni un cerdo hubiera aceptado, bollitos de gasa, barras de chocolate y medio chorizo cada uno por que no habia nada mas. Tuvimos sed. Tuvimos sueño. Nos hirieron, nos persiguieron, nos felicitaron, nos descubieron, nos hicieron volar por el aire, nos salvaron, nos llevaron y nos trajeron y se olvidaron de nosotros. Tuvimos frio y desesperanza. Hicimos el amor, disparamos armas, esperamos bajo la lluvia y en la noche, fabricamos bombas, escapamos, desfilamos, lloramos, gritamos, cantamos, reimos, dijimos adios. Que macanudo era haber vivido.

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